sábado, 27 de mayo de 2017

Demasiada ira

   Me fui a caminar por la playa de Quequén con el rostro serio, cansado y con ganas de cansarme aún más. Mucha bronca acumulada por las ratas de poca monta que apedrearon al monumento a Baco. 
Les aplicaría el código de Hammurabi y la ley del Talión. Afortunadamente hay un poco de sol, y sudo excesivamente.
 Es esta ira...    
Y mis párpados están recelosos incitando que imponga una torva mirada que asusta al viento.   Ya no me asusta la muerte ni los muertos; y en caso de que las cosas se pongan mal me sobra valor para lanzarme a la yugular de la muerte. Cuando me lo propongo, Dios llora. Y Satanás me da palmadas en la espalda.   
 Aunque si me diera la gana podría ejercer la misericordia y no mirar a los políticos como los plumíferos de vuelo bajo que son; esas vidas preocupadas y agobiadas por robar e intentar morir rico; en muchos casos sin disfrutar lo robado. En algunos casos; otros tarados nacen ricos y disfrutan su sarnosa vida como los emperadores romanos: sodomización tras sodomización.     
Marcho con el rostro un poco más alegre, le he pisado la cabeza a un cangrejo y a crujido, pensando que era uno de los que apedreó al Baco, me agradó oír ese sonido, aún arrastro un trozo de cartílago en la hawaiana. No importa, nunca he sido considerado con ellos. 

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